Desde que era pequeña me ha intrigado el universo, con sus millones de estrellas y misterios vedados a la humanidad. A mi mente iban y venían ideas, dudas, preguntas, que nunca eran respondidas o simplemente no había respuesta.
Como aquella noche de verano cuando iba en el coche de mis padres, camino de algún sitio que ahora no recuerdo. Yo miraba el cielo como siempre, zambulléndome en mis pensamientos infantiles, simples, que me dejaban muchas veces en silencio.
Aquél día fue distinto pues decidí preguntar al aire:
“¿Por qué nos sigue esa estrella?”
Mis padres, sorprendidos, respondieron:
“¿Cuál, Pine?”
“Pues esa.- decía con el brazo señalando fuera de la ventanilla- Sí, esa. La que brilla tanto. ¿Por qué nos persigue?”
Mi madre asomó la cabeza por la ventana, intrigada. Al cabo de unos segundos, me dedicó una sonrisa y con una voz tierna y maternal me dijo:
“Cariño, la estrella no nos sigue. Se mueve con nosotros, incluso yo diría que somos nosotros los que la seguimos.”
Todo se quedó en silencio, cada uno se sumía en sus propios pensamientos. Yo también callé, asombrada, porque… ¿Cómo que se mueve con nosotros? ¡Pero si parece que la dejemos atrás! ¿Son estrellas fugaces, entonces?
En ese momento mi padre carraspeó, interrumpiendo el silencio:
“Esa estrella nos sigue para cuidarte.”
4 comentarios:
Las hadas, al igual que otros seres místicos, existen únicamente para aquellos ojos que creen en ellos. Una mente corrompida, nunca sabría apreciar la belleza que alberga una esperanza o una ilusión.
Espero que este sea un capítulo, de una obra maestra :)
Ah, pero qué mono tu Blog.
A Paulette le ha encantado pasarse por aquí, sí que sí.
Un beso ;)
Muy linda historia, bastante imaginativa, me gusto, yo también soy fanatica de las hadas.
Espero con ansias en próximo capitulo.
Cuidate, chao!!
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